El estilo de vida después del diagnóstico de cáncer puede influir en la calidad de vida y, en determinados tumores, también se asocia con el pronóstico. La actividad física, la alimentación, la composición corporal y la salud metabólica no sustituyen los tratamientos oncológicos, pero forman parte de una atención integral.
Diversos estudios observacionales relacionan el sedentarismo, la obesidad, el aumento de peso y el síndrome metabólico con un mayor riesgo de recurrencia o mortalidad. Además, la hiperinsulinemia, la inflamación crónica y algunos factores de crecimiento podrían crear un entorno biológico favorable para la progresión tumoral.
Sin embargo, una asociación no demuestra necesariamente causalidad. La evidencia es más consistente en cánceres como el de mama y el colorrectal, mientras que para otros tumores todavía resulta limitada.
Ejercicio físico después del diagnóstico
El ejercicio aporta beneficios demostrados durante y después del tratamiento. Entre ellos destacan la reducción de la fatiga, el mantenimiento de la masa muscular y la mejora de la capacidad funcional, el estado de ánimo y la calidad de vida.
Asimismo, un ensayo clínico publicado en 2025 observó que un programa estructurado de ejercicio después de la quimioterapia mejoró la supervivencia libre de enfermedad en personas con cáncer de colon. Este resultado refuerza la importancia de incorporar el ejercicio oncológico a la atención clínica, aunque no debe extrapolarse automáticamente a todos los cánceres.
Lo ideal es combinar actividad aeróbica y entrenamiento de fuerza, adaptando la intensidad al diagnóstico, el tratamiento, las secuelas y la condición física de cada persona.
Alimentación y estilo de vida después del diagnóstico de cáncer
Un patrón de alimentación mediterráneo puede ser una opción adecuada, ya que prioriza verduras, legumbres, fruta, frutos secos, aceite de oliva, pescado y cereales integrales. Al mismo tiempo, limita las carnes procesadas, las bebidas azucaradas, el alcohol y los productos ultraprocesados.
Estas recomendaciones coinciden parcialmente con algunas tradiciones orientales que proponen equilibrio y moderación. No obstante, conceptos como el yin y el yang pertenecen a sistemas filosóficos tradicionales y no constituyen una clasificación nutricional respaldada por la investigación oncológica.
Tampoco se recomienda aplicar una restricción calórica de forma general. En pacientes con pérdida de peso, poco apetito, sarcopenia o caquexia, reducir las calorías puede agravar la desnutrición y empeorar la tolerancia al tratamiento. Por tanto, cualquier objetivo de pérdida o mantenimiento de peso debe individualizarse con ayuda profesional.
Organismos como WCRF y ASCO aconsejan mantenerse físicamente activo y seguir una alimentación saludable siempre que la situación clínica lo permita. En definitiva, mejorar los hábitos puede favorecer la recuperación y la salud general, pero debe hacerse sin culpabilizar al paciente: el estilo de vida es solo uno de los múltiples factores que influyen en la evolución del cáncer.