La posible relación entre probióticos y cáncer de mama despierta un interés científico creciente. Durante mucho tiempo se creyó que el tejido mamario era estéril. Sin embargo, hoy sabemos que alberga su propia comunidad de microorganismos, cuya composición puede variar entre personas y presentar alteraciones asociadas a diferentes enfermedades.
¿Qué diferencias se han encontrado en la microbiota mamaria?
Un estudio publicado en 2016 analizó tejido mamario de 58 mujeres sometidas a cirugía por tumores malignos o benignos y de 23 mujeres sanas que se habían realizado una reducción o un aumento mamario. Mediante secuenciación genética y cultivo bacteriano, los investigadores observaron diferencias entre la microbiota de las mujeres con cáncer de mama y la de las participantes sanas.
En las muestras de pacientes con cáncer se detectó una mayor abundancia relativa de bacterias pertenecientes a los géneros Bacillus y Staphylococcus, así como a la familia Enterobacteriaceae. Algunas cepas de Escherichia coli y Staphylococcus epidermidis aisladas de estas muestras produjeron roturas de doble cadena en el ADN de células cultivadas en el laboratorio.
Este resultado no demuestra que dichas bacterias causen cáncer de mama. Únicamente indica que algunos microorganismos poseen mecanismos que podrían contribuir al daño celular y que merecen continuar investigándose.
Por el contrario, en el tejido de las mujeres sanas se observó una mayor presencia de determinadas bacterias lácticas, como Lactobacillus y Streptococcus. Algunas especies producen sustancias antioxidantes o participan en la regulación inmunitaria, por lo que podrían ejercer efectos protectores. No obstante, esta posibilidad todavía no se ha confirmado mediante ensayos clínicos.
Probióticos y cáncer de mama: ¿qué dice la evidencia?
Los probióticos podrían influir en la inflamación, la inmunidad, el metabolismo de los estrógenos y la composición de la microbiota intestinal. Además, algunos estudios experimentales indican que ciertas bacterias administradas por vía oral pueden alcanzar la glándula mamaria.
Aun así, actualmente no existe evidencia suficiente para afirmar que tomar probióticos reduzca el riesgo de desarrollar cáncer de mama o mejore directamente su tratamiento. Las revisiones científicas disponibles describen resultados prometedores, pero señalan que los estudios clínicos son todavía escasos, pequeños y heterogéneos.
La lactancia materna se asocia con una reducción del riesgo de cáncer de mama, pero no se ha demostrado que este beneficio se deba específicamente a las bacterias presentes en la leche. Por tanto, tampoco puede concluirse que los probióticos compensen la ausencia de lactancia.
En pacientes oncológicos, especialmente durante la quimioterapia o cuando existen defensas bajas, cualquier probiótico debe consultarse previamente con el equipo sanitario. Estos suplementos nunca deben sustituir el tratamiento indicado.
Fuente: CANCER du SEIN: La piste des probiotiques pour protéger le sein