La conexión entre ejercicio físico, microbiota y cáncer abre una interesante línea de investigación dentro de la oncología. Practicar actividad física adaptada puede mejorar la fuerza, reducir la fatiga y favorecer la calidad de vida. Además, algunos estudios sugieren que también podría modificar la composición y el funcionamiento de la microbiota intestinal.

La microbiota está formada por billones de microorganismos que habitan principalmente en el intestino. Este ecosistema participa en la digestión, la regulación del sistema inmunitario, el metabolismo y el control de la inflamación. Por ello, un desequilibrio microbiano o disbiosis podría influir en diferentes aspectos de la salud.

¿Cómo puede el ejercicio modificar la microbiota intestinal?

La actividad física regular se ha asociado con una mayor diversidad microbiana y con la presencia de bacterias capaces de producir ácidos grasos de cadena corta, como el butirato. Estos compuestos ayudan a mantener la barrera intestinal y participan en la regulación de las respuestas inflamatorias e inmunitarias.

Asimismo, el movimiento puede favorecer el tránsito intestinal, mejorar la sensibilidad a la insulina y contribuir a reducir la inflamación sistémica. Todos estos cambios podrían crear un entorno más favorable para el equilibrio de la microbiota.

No obstante, la alimentación, los medicamentos, el uso de antibióticos, la edad y el propio tratamiento oncológico también influyen en los microorganismos intestinales. En consecuencia, resulta difícil atribuir los cambios observados exclusivamente al ejercicio.

Ejercicio físico, microbiota y cáncer durante el tratamiento

En las personas con cáncer, el ejercicio adaptado aporta beneficios suficientemente demostrados, aunque no estén necesariamente relacionados con la microbiota. Entre ellos se encuentran el mantenimiento de la masa muscular, la mejora de la capacidad funcional y la reducción de la fatiga, la ansiedad y algunos efectos secundarios.

Por otro lado, se investiga si los cambios microbianos inducidos por la actividad física podrían influir en la inflamación, la inmunidad o la tolerancia a los tratamientos. Incluso se estudia una posible relación con la respuesta terapéutica. Sin embargo, la evidencia disponible todavía es limitada y procede, en gran medida, de estudios observacionales, modelos animales y ensayos clínicos pequeños.

Por tanto, todavía no puede afirmarse que modificar la microbiota mediante el ejercicio mejore directamente la eficacia de la quimioterapia, la inmunoterapia u otros tratamientos.

Un ejercicio seguro y personalizado

La actividad física debe considerarse una herramienta de apoyo dentro de la atención oncológica, pero siempre ha de adaptarse al diagnóstico, el tratamiento, la condición física y los posibles efectos secundarios. Idealmente, el programa debería combinar fuerza y ejercicio aeróbico bajo la supervisión de profesionales con formación en ejercicio oncológico.

Comprender mejor esta conexión permitirá diseñar intervenciones más personalizadas. Mientras avanza la investigación, mantenerse activo de forma segura ya ofrece beneficios importantes para la salud y la calidad de vida.

Estudios consultados

  1. Moore SC, Lee IM, Weiderpass E, et al. (2016). Association of Leisure-Time Physical Activity With Risk of 26 Types of Cancer in 1.44 Million Adults. JAMA Internal Medicine, 176(6), 816–825.
  2. Pedersen BK, Saltin B. (2015). Exercise as medicine – evidence for prescribing exercise as therapy in 26 different chronic diseases. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 25(Suppl 3), 1–72.
  3. Schwabe RF, Jobin C. (2013). The microbiome and cancer. Nature Reviews Cancer, 13(11), 800–812.
  4. Yu T, Guo F, Yu Y, et al. (2017). Fusobacterium nucleatum Promotes Chemoresistance to Colorectal Cancer by Modulating Autophagy. Cell, 170(3), 548–563.
  5. Smith et al. (2020). Exercise modulates the microbiota-gut-brain axis in patients with colorectal cancer. European Journal of Sport Science, 20(5), 675-685.
  6. Mailing LJ, Allen JM, Buford TW, et al. (2019). Exercise and the Gut Microbiome: A Review of the Evidence, Potential Mechanisms, and Implications for Human Health. Exercise and Sport Sciences Reviews, 47(2), 75–85.
  7. Allen JM, Mailing LJ, Niemiro GM, et al. (2018). Exercise Alters Gut Microbiota Composition and Function in Lean and Obese Humans. Medicine and Science in Sports and Exercise, 50(4), 747–757.