Macrobiótica y Cáncer

plato macrogato Nuestra amiga Elena García Morales ha escrito este maravilloso artículo para nuestro blog. Elena nos habla del papel de la cocina macrobiótica para prevenir y tratar el cáncer.

MACROBIÓTICA Y CÁNCER

Si buscamos en internet qué alimentación es la más apropiada para las personas con cáncer, toparemos de inmediato (además de con este blog de Odile) con la macrobiótica como la solución para gozar de buena salud y curarse de enfermedades.

El mismo fundador de esta forma de vida y nutrición, el japonés George Ohsawa, era un tuberculoso desahuciado por la medicina que consiguió sobrevivir casi sesenta años a la sentencia de muerte de los médicos.

EN QUÉ CONSISTE LA MACROBIÓTICA

La palabra “macrobiótica” viene del griego “makrobios”, que es la unión entre “makros” (grande) y “biosis” (vida), y designa la capacidad de determinadas personas de alcanzar la longevidad manteniendo una relación de equilibrio con la naturaleza. Por tanto se eligen alimentos de la estación, preferentemente de producción local, integrales y ecológicos, y se adopta una actitud ante la vida donde puedan obtenerse las siete condiciones de la salud: ausencia de fatiga, buen apetito, sueño reparador, buena memoria, buen humor, rapidez de juicio y sentido de la justicia.

En realidad es casi un calco de la alimentación tradicional nipona y de algunas zonas de la India, impregnadas de la filosofía oriental del equilibrio entre el ying (expansión, femenino, noche, frío, oscuridad) y el yang (contracción, día, calor, luz, masculino). Son conceptos difíciles de asimilar en principio para la cultura occidental, pero cualquiera puede entender que una persona equilibrada psíquica y físicamente es, por pura lógica, más saludable.

La manera de vivir y de alimentarse será por tanto una búsqueda para equilibrar esas fuerzas presentes en lo que comemos y en todos los elementos con los que nos relacionamos. Aquí el viejo refrán que dice “en el punto medio está la virtud” es del todo aplicable. Por tanto comer alimentos con energía muy extrema (por ejemplo carne, muy yang) hará que nuestro cuerpo pida otro alimento extremo para compensar (azúcar, muy ying) y sufra en este proceso. Por eso lo más adecuado para cuidarnos es tomar alimentos equilibrados. Y a su vez tomarlos en la proporción adecuada, que se corresponde con las recomendaciones de la OMS: 40-60% de cereales integrales, 25-35% de verduras, entre el 10y 22% de proteínas, sobre un 3% de algas, semillas y sopas y un 5% de fruta. Además algún fermentado (miso, col fermentada, ciruela o vinagre de umeboshi por ejemplo). Combinaremos distintos tipos de cocción, de los más ligeros (ensaladas, salteados) a los más pesados (estofados, horneados) dependiendo también de las estaciones, en verano por ejemplo cocciones más ligeras. Se usan aceites vírgenes ecológicos de primera presión en frío.

Dentro de ese esquema los alimentos más equilibrados para la macrobiótica, son (“curiosamente “con propiedades anticáncer) :

– Los cereales integrales (preferentemente en grano). Son la base de la alimentación en todas las culturas y cada una tiene el suyo propio : los orientales el arroz, los mediterráneos el trigo o la cebada, los incas la quinoa (un pseudo cereal), etc. El mijo, el centeno, el maíz o la avena son otros cereales. Se cocinan en olla normal o a presión para que concentren su energía.

– Los vegetales. Siempre de temporada y preferentemente las verduras, y entre ellas : zanahoria, cebolla, puerro, col, acelga, coliflor, col china, lombarda, apio, nabo, calabaza, chirivía, endivia, perejil, ajo, hinojo, calabacín, rábano, germinado de alfalfa, borraja y ortiga. Entre las frutas las manzanas se consideran las más equilibradas, y las que tienen color rojo. Conviene evitar las solanáceas: tomate, patata, pimiento y berenjena porque contienen solanina, potencialmente tóxica para nuestro organismo y excesivamente ying, además de inhibir la absorción del calcio, y los espárragos y las espinacas por el exceso de potasio.

– Las algas. Las verduras del mar, los vegetales más antiguos de nuestro planeta, que no absorben la contaminación marina. Son muy ricas en minerales (tienen hasta 14 veces más calcio que la leche) y ayudan a disolver grasas y mucosidades. Tienen un efecto alcalinizante sobre la sangre.

– Las proteínas vegetales. Fundamentalmente legumbres (garbanzos, lentejas, judías, soja, azukis), pero también los derivados de la soja (tempeh, tofu) y la proteína de trigo y otros cereales con gluten denominada seitán.

– Proteínas marinas: pescado, moluscos, mariscos. Poca cantidad y en personas sanas fundamentalmente.

– Pickles o encurtidos y fermentados. Son alimentos que ayudan a las digestiones y a mantener nuestra flora intestinal. En vez de yogur en macrobiótica se usan vegetales encurtidos con sal (como el chucrut) y fermentos como el miso. También la ciruela umeboshi en cualquiera de sus formatos.

-Setas. Particularmente la shiitake. Se la relaciona con la longevidad prevención y tratamiento del cáncer y tiene propiedades afrodisíacas. Es particularmente sabrosa, sobre todo seca y rehidratada.

LA ENFERMEDAD Y LA MACROBIÓTICA: EL DESEQUILIBRIO

Hipócrates ya decía “que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.Hay un proverbio ayurvédico que dice “cuando la alimentación es mala, la medicina no funciona, cuando la alimentación es correcta la medicina no es necesaria”.

Son dos maneras de decir lo mismo: lo importante que es lo que comamos para nuestra salud. En la macrobiótica ese alimento-medicina supone un equilibrio de nutrientes y energía que si se rompe aparece la enfermedad. No hay nada prohibido para una persona sana (entendidos los excesos y alimentos extremos como excepción), pero si aparece la enfermedad es vital mirar con lupa lo que comemos para sanarnos.

Si hablamos de cáncer la macrobiótica los cataloga en función de la condición del órgano enfermo:

– Cánceres Yang: Interior y Baja (ejemplos: el páncreas, próstata, colon, cuello del útero).

– Cánceres mixtos: el Alto y interior, Baja y Exterior (ejemplos: pulmón, útero, la vejiga).

– Cánceres Yin: superior y externa (por ejemplo: piel, cerebro, mama, hematológicas).

Los cánceres Yang responden a la ingesta excesiva de alimentos tales como: carne roja, huevos, pollo ; los productos lácteos más pesados como el queso curado, demasiado salados y alimentos horneados .

Y los cánceres Yin: a la ingesta excesiva de alimentos yin, tales como: azúcar, chocolate, helados, dulces y los productos lácteos más livianos, como leche o nata .

Como nos dice Odile Fernández en su libro “Alimentación Anticáncer”: “si la célula mutada no encuentra un ambiente adecuado no podrá crecer e invadir nuestro jardín. Si la alimentamos a diario conseguirá crear metástasis e invadir todo el cuerpo”.

Según este libro los alimentos que se toman en macrobiótica tienen propiedades anticáncer porque :

– Fortalecen el sistema imune.

– No causan inflamación porque huye de los alimentos procesados y refinados y de las grasas hidrogenadas.

– No causan estrés oxidativo gracias a que contienen oligoelementos y vitaminas que lo combaten.

– Propone alimentos antiangiogénicos: crucíferas, frutos rojos.

– El dulce lo obtiene mayoritariamente de productos naturales y propone alimentos integrales, con un índice glucémico mucho más bajo que los refinados.

– Está plagada de alimentos alcalinos que contrarrestan la acidez. Umeboshi, miso, etc.

ALIMENTOS “MACROBIÓTICOS”

Hay algunos alimentos y/o condimentos que se han convertido en insignia de esta manera de entender nuestra relación con la comida:

– El miso. Es un fermentado de soja, cebada y/o arroz con beneficiosas propiedades entre las que destaca la disminución de productos químicos y toxinas que produce en el cuerpo. Es un excelente sustituto del caldo en cubitos. Se usa en caldos, guisos y la famosa sopa que encontramos en los restaurantes japoneses. También la salsa de soja, en sus dos versiones: shoyu (con trigo) y tamari (más medicinal) se pueden usar en guisos, salteados y casi cualquier preparación culinaria en vez de la sal.

– Umeboshi. En versión ciruela o pasta es un complemento estupendo para hacer salsas, patés y cremas como mayonesas o el hummus, e incluso para conseguir un sabor similar al queso. En versión vinagre puede servir de aliño para verduras escaldadas o cereales.Tiene conocidas propiedades anticancerígenas.

– Azuki. Es una judía pequeña de color burdeos muy recomendable para personas con falta de vitalidad. Casa muy bien con la calabaza, pero también, añadiendo algo de cacao o algarroba y sirope de arroz, y triturada, puede convertirse en un pastel dulce muy sano. La variedad hokkaido es la que tiene más propiedades.

– Endulzantes como las melazas de cereales o el koji. Equlibrados y naturales.

– El té kukicha. Un té japonés de tres años con sabor suave. Muy mineralizante y alcalinizante.

Con un poco de imaginación los occidentales podemos adaptarnos a esta milenaria dieta que siguen algunos de los humanos más longevos del planeta. Ganaremos en salud.

Si quieres profundizar puedes leer algunos artículos míos más concretos:

Cómo convertir recetas tradicionales en macrobióticas | Suite101.net http://suite101.net/article/como-convertir-recetas-tradicionales-en-macrobioticas-a54503#ixzz1xuBkD4zI

Sobre la ciruela umeboshi:

http://suite101.net/article/la-ciruela-umeboshi-el-fruto-alcalino-a57305

Sobre “leches vegetales”:

http://suite101.net/article/leches-vegetales-alternativa-sana-a-los-lacteos-a62455

Sobre el koji:

http://suite101.net/article/el-amasake-un-edulcorante-sano-a54031

Sobre las algas:

http://suite101.net/article/las-algas-como-incluirlas-en-la-cocina-a52712

Sobre comida rápida sana:

http://suite101.net/article/cajas-de-bento-el-tupper-japones-a47920

Bibliografía:

-“Alimentación Anticáncer” de Odile Fernández.

-“Disfruta de la macrobiótica” de Loli Curto.

– «La cocina de Aveline” de Aveline Kushi y Alex Jack.

-“Nutrición energética y salud” de Jorge Pérez Calvo Soler.

-“Alimentación Ying-Yang. Placer y vitalidad” de Raquel Magem.

-“Postres Sin” de Raquel Magem.

-“La nueva cocina energética” de Montse Bradford.

-“Algas. Las verduras del mar” de Montse Bradford.

-“Las proteínas vegetales” de Montse Bradford.




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