¿Qué efecto tienen las mamografías en el riesgo de morir por cáncer de mama? Para responder a esta pregunta, no basta con observar cuántos tumores se detectan. También hay que seguir a las mujeres durante muchos años y comprobar si esa detección se traduce en menos fallecimientos.

Un estudio realizado en Suecia, con más de 133.000 mujeres y 29 años de seguimiento, encontró una reducción de las muertes por cáncer de mama entre las mujeres invitadas a participar en un programa de mamografías. Sus resultados también muestran por qué es importante distinguir entre el beneficio relativo y el beneficio absoluto.

¿Qué estudiaron los investigadores?

En la investigación participaron 133.065 mujeres de entre 40 y 74 años, residentes en dos regiones suecas. Mediante una asignación aleatoria por comunidades, se establecieron dos grupos: uno recibió una invitación para realizarse mamografías de cribado y el otro continuó con la atención habitual.

La palabra cribado se refiere a las pruebas que se ofrecen a personas sin síntomas para buscar una enfermedad antes de que dé señales de su presencia. En este caso, la prueba estudiada era la mamografía.

Los investigadores siguieron los resultados durante 29 años. Para comprobar las causas de los fallecimientos, contaron tanto con comités locales como con un comité externo que realizó una evaluación independiente.

Entre un 27 % y un 31 % menos de mortalidad relativa

Los dos análisis encontraron una menor mortalidad por cáncer de mama en el grupo invitado al cribado. La reducción relativa fue del 31 % según la evaluación local y del 27 % según los datos consensuados.

Ahora bien, ¿qué significa una reducción relativa del 27 %? Significa que, al comparar ambos grupos, la mortalidad por cáncer de mama fue aproximadamente un 27 % menor en el grupo invitado a las mamografías.

No significa que se evitaran 27 muertes por cada 100 mujeres participantes. Para conocer cuántas mujeres se beneficiaron en términos concretos, necesitamos mirar también el beneficio absoluto.

Además, el estudio evaluó el efecto de invitar a las mujeres a un programa de cribado. Por tanto, estas cifras describen el resultado de esa estrategia en el conjunto del grupo, y no permiten garantizar el beneficio individual de una mamografía.

¿Cuántas mujeres debían participar para evitar una muerte?

Tras los 29 años de seguimiento, los investigadores estimaron que era necesario realizar cribado durante siete años a entre 414 y 519 mujeres para evitar una muerte por cáncer de mama, según el análisis utilizado.

Esta cifra ayuda a entender la magnitud del beneficio. Habla de una muerte evitada en un grupo de varios cientos de mujeres, con un efecto que se observa a lo largo de muchos años.

También conviene aclarar que no se refiere a una única mamografía ni a siete años de seguimiento: el cálculo corresponde a siete años de cribado, cuyos resultados se evaluaron durante 29 años.

Un beneficio que necesita tiempo para apreciarse

Uno de los hallazgos más relevantes fue que la mayoría de las muertes evitadas habrían ocurrido, en ausencia del cribado, después de los primeros diez años de seguimiento.

Esto explica por qué una evaluación demasiado corta puede dejar parte del beneficio sin observar. Los autores concluyen que hacen falta más de veinte años de seguimiento para estimar de forma completa el impacto del programa, especialmente cuando se quiere calcular cuántas muertes evita.

Para pacientes, cuidadores y profesionales, este dato aporta una perspectiva importante: los resultados de una estrategia de detección pueden tardar muchos años en hacerse visibles.

Menos mortalidad no equivale a un porcentaje de curación

Este estudio aporta evidencia de que la invitación al cribado mamográfico puede reducir las muertes por cáncer de mama. Sin embargo, no ofrece un porcentaje de curación.

Aunque ambos conceptos están relacionados, responden a preguntas distintas. Aquí se investigó cuántas mujeres fallecieron por cáncer de mama en cada grupo. El resumen no permite calcular cuántas se curaron ni atribuir un pronóstico concreto a una paciente.

Tampoco presenta un balance completo de los posibles inconvenientes del cribado, como las falsas alarmas, las pruebas adicionales o el sobrediagnóstico: la detección de tumores que no habrían llegado a causar síntomas o problemas durante la vida de la persona.

Por ello, sus resultados son una pieza importante para valorar el cribado, pero no bastan por sí solos para decidir a qué edad empezar o con qué frecuencia realizar las mamografías.

¿Qué podemos aprender de esta investigación?

El mensaje principal es claro: en esta población sueca, la invitación a un programa de mamografías se tradujo en menos muertes por cáncer de mama a largo plazo.

Para comprender ese beneficio, conviene mirar tanto la reducción relativa como el número de mujeres que necesitan participar para evitar una muerte. Y recordar que estos datos describen resultados en una población: no predicen lo que ocurrirá a cada mujer.

Hablar de detección con rigor significa explicar sus beneficios con cifras comprensibles, reconocer sus límites y evitar promesas individuales que el estudio no puede hacer.