Información clara, recursos útiles y contenidos pensados para acompañar mejor el proceso oncológico y resolver dudas frecuentes del día a día.
Cuando a mi padre le diagnosticaron cáncer en mayo de 2007, mi mundo se detuvo. Aunque en mi familia ya había habido algún caso, yo seguía pensando que el cáncer era algo lejano, algo que no nos iba a tocar de lleno. Estaba equivocada.
Todo empezó con un pequeño bulto en la axila. Lo que parecía una simple prueba terminó siendo la extirpación de un tumor del tamaño de una naranja. Era un cáncer linfático. Recuerdo aquel momento como un golpe físico, una sensación de dolor y miedo difícil de explicar. Mi padre siguió el tratamiento indicado por su oncólogo y, meses después, nos dieron una gran noticia: estaba libre de cáncer. Lo celebramos en familia con la esperanza de haber dejado atrás aquella pesadilla.
Pero en mayo de 2008, apenas un año después, el cáncer regresó. Esta vez con metástasis en las meninges. Yo estaba embarazada de mi primera hija y me resultaba imposible aceptar que mi padre pudiera morir. Comenzó de nuevo el tratamiento, aunque nos advirtieron de que la situación ya no era la misma y que superarlo sería mucho más difícil.
Fue entonces cuando empezamos a preguntarnos qué más podíamos hacer, además de seguir el tratamiento médico. Buscamos apoyo nutricional y otras formas de mejorar su estado general, pero llegamos tarde y sin demasiada orientación. Mi padre empezó a perder peso, a quedarse sin apetito y sin fuerza. Cada visita era más dura que la anterior. Falleció el 13 de septiembre de 2008.
Después llegaron años intensos, marcados por nacimientos en la familia, por la vida que seguía adelante y por el intento de encontrar algo de paz en medio de la pérdida. Pero en 2012 volvió a aparecer el cáncer, esta vez en mi madre. Empezó a tener despistes y comportamientos extraños, y tras varias pruebas le diagnosticaron un glioblastoma multiforme en estadio IV, uno de los tumores cerebrales más agresivos. El pronóstico era devastador.
El tratamiento médico que le propusieron podía alargarle la vida, pero con un fuerte deterioro de su calidad de vida. Mi madre decidió no someterse a él. Había visto demasiado sufrimiento a su alrededor y quiso elegir otro camino. Nos pidió que respetáramos su decisión, y así lo hicimos.
A partir de ahí iniciamos una búsqueda intensa de recursos complementarios que pudieran ayudarla a sentirse mejor. Consultamos distintos profesionales, revisamos cambios en la alimentación, incorporamos acompañamiento emocional, prácticas de relajación, movimiento suave y diferentes estrategias de apoyo. Nada de aquello la curó, pero sí contribuyó a que viviera sus últimos meses con más bienestar, más calma y menos sufrimiento. Murió en casa, rodeada de sus hijas, en paz.
Aquellas dos experiencias marcaron profundamente mi vida. Me hicieron comprender lo importante que es contar con información rigurosa, comprensible y útil sobre el papel de la nutrición, el estilo de vida y las terapias complementarias en oncología. Desde entonces me he dedicado a estudiar, formarme y profundizar en este ámbito, con el objetivo de ayudar a otras personas a orientarse mejor en momentos tan difíciles.
Contenido divulgativo para entender mejor qué son, qué pueden aportar, qué rol y qué conviene tener en cuenta.
Ebooks prácticos sobre alimentación, recetas y como manejar los efectos secundarios del proceso oncológico.
Ebooks y webinars pensados para ayudar a afrontar algunos efectos secundarios frecuentes con más claridad.
Pequeñas intervenciones en tus hábitos de vida marcan la diferencia en tus tratamientos durante el cáncer.
Hablaremos de tu caso, resolveré tus dudas, te daré recomendaciones para mejorar tu calidad de vida y, si es necesario, te derivaré a profesionales de la salud que te acompañarán a lo largo de todo el proceso.