La relación entre microbioma y cáncer constituye una de las áreas más prometedoras de la investigación oncológica. En nuestro cuerpo habitan billones de bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que participan en la digestión, el metabolismo, la inflamación y el funcionamiento del sistema inmunitario.
Aunque suelen concentrarse en el intestino, también existen comunidades microbianas en la piel, la boca, los pulmones y otros tejidos. Su composición es diferente en cada persona y puede cambiar por la alimentación, los medicamentos, la actividad física, la edad, el entorno y las enfermedades.
Diversidad microbiana y salud
Una microbiota diversa suele considerarse más estable y resistente frente a determinadas alteraciones. Sin embargo, más diversidad no siempre significa necesariamente mejor salud, ya que también importa qué microorganismos están presentes, qué funciones realizan y cómo interactúan con el organismo.
Por el contrario, la disbiosis —una alteración del equilibrio microbiano— se ha relacionado con procesos como la inflamación crónica, el deterioro de la barrera intestinal y una regulación inmunitaria inadecuada. Estos mecanismos podrían contribuir al desarrollo o la progresión de algunos tumores, aunque la relación varía según el tipo de cáncer.
Microbioma y cáncer colorrectal
Uno de los ejemplos más estudiados es Fusobacterium nucleatum, una bacteria detectada con mayor frecuencia en determinados tumores colorrectales. Los experimentos de laboratorio indican que puede adherirse a las células, activar vías relacionadas con la proliferación y modificar la respuesta inmunitaria.
No obstante, su presencia no significa necesariamente que haya causado el tumor. La investigación todavía debe aclarar cuándo estas alteraciones microbianas contribuyen al cáncer y cuándo aparecen como consecuencia de la propia enfermedad.
Microbioma y respuesta a la inmunoterapia
La microbiota intestinal también podría influir en la respuesta a los inhibidores de puntos de control inmunitario. Algunos estudios en pacientes con melanoma y otros tumores han asociado determinadas composiciones bacterianas y una mayor diversidad con mejores respuestas a estos tratamientos.
Además, ensayos iniciales han evaluado el trasplante de microbiota fecal de pacientes respondedores para intentar recuperar la sensibilidad a la inmunoterapia. Los resultados son prometedores, pero esta estrategia continúa siendo experimental y debe realizarse exclusivamente dentro de ensayos clínicos o protocolos médicos autorizados.
¿Podemos cuidar la microbiota durante el cáncer?
Una alimentación variada y adaptada, rica en alimentos vegetales y fibra cuando se tolera, puede favorecer la salud intestinal. Asimismo, la actividad física, el descanso adecuado y el uso responsable de antibióticos contribuyen a mantener su equilibrio.
Sin embargo, no existe un microbioma “ideal” aplicable a todas las personas. Tampoco se ha demostrado que un probiótico concreto prevenga o cure el cáncer. Por este motivo, quienes estén recibiendo tratamiento oncológico deben consultar cualquier suplemento con su equipo sanitario, especialmente si tienen las defensas bajas.
El microbioma podría ayudar en el futuro a personalizar la prevención y los tratamientos. Por ahora, representa una pieza importante, pero no la única, dentro de la compleja biología del cáncer.
Fuentes:
Proyecto del Microbioma Humano (HMP)
Nature – El microbioma intestinal modula la respuesta a la inmunoterapia anti-PD-1 en pacientes con melanoma
Fuente: Science Translational Medicine: Fusobacterium nucleatum promueve la carcinogénesis colorrectal mediante la modulación de la señalización de E-cadherina/β-catenina a través de su adhesina FadA
Journal of Experimental Medicine – El microbioma intestinal modula la respuesta a la inmunoterapia anti-PD-1 en pacientes con melanoma