Lo que un estudio con 44.000 gemelos nos enseña sobre el cáncer

«Mi madre tuvo cáncer.» «Mi padre tuvo cáncer.» «Entonces yo también tengo muchas probabilidades de desarrollarlo.»

Es un pensamiento que muchas personas han tenido alguna vez. Y es completamente comprensible. Cuando el cáncer aparece en una familia, es natural buscar explicaciones. Y la genética parece la más obvia.

Pero la ciencia nos cuenta una historia bastante más compleja —y, en muchos sentidos, más esperanzadora.

El estudio que cambió nuestra forma de entender el cáncer

En el año 2000, un equipo internacional liderado por el investigador Peter Lichtenstein publicó en el New England Journal of Medicine uno de los trabajos más ambiciosos realizados hasta ese momento sobre genética y cáncer.

Analizaron datos de más de 44.000 parejas de gemelos de Suecia, Dinamarca y Finlandia.

¿Por qué gemelos? Porque son la herramienta perfecta para separar lo que viene de los genes de lo que viene del entorno. Los gemelos idénticos comparten prácticamente todo su material genético; los no idénticos, aproximadamente la mitad. Comparando ambos grupos, los investigadores pueden estimar con mucha más precisión cuánto influye la herencia y cuánto influye el estilo de vida.

Las conclusiones sorprendieron a buena parte de la comunidad científica.

Lo que encontraron: los genes importan, pero no lo son todo

Los factores hereditarios explicaban solo una parte relativamente pequeña del riesgo de desarrollar la mayoría de los cánceres. En muchos de los tumores más frecuentes, los factores ambientales y relacionados con el estilo de vida tenían un peso considerablemente mayor de lo que se asumía hasta entonces.

En otras palabras: nuestros genes importan, pero no son nuestro destino.

La alimentación, el ejercicio físico, el descanso, la exposición a tóxicos, el tabaco, el alcohol, la inflamación crónica o el estrés sostenido en el tiempo también participan —y de forma significativa— en la ecuación que determina nuestra salud.

¿Qué significa esto para quienes viven un proceso oncológico?

Significa que tenemos más capacidad de influencia sobre nuestra salud de la que durante mucho tiempo hemos creído.

No se trata de afirmar que el cáncer puede prevenirse al 100%. Nadie puede hacer esa promesa, y hacerla sería irresponsable. Pero décadas de investigación sí nos muestran algo importante: hay muchos factores sobre los que podemos actuar.

Cada decisión que tomamos para cuidar nuestro cuerpo suma. No de forma milagrosa, sino de forma acumulativa y real.

Cada comida. Cada paseo. Cada noche de descanso reparador.

De eso trata la oncología integrativa

Cuando hablamos de oncología integrativa, no hablamos de combatir los genes con los que nacimos. Hablamos de crear un entorno biológico más favorable para la salud, de acompañar los tratamientos convencionales con hábitos y estrategias que el organismo agradece.

Y eso está al alcance de muchas más personas de las que imaginan.

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Referencia científica: Lichtenstein, P., Holm, N.V., Verkasalo, P.K. et al. «Environmental and Heritable Factors in the Causation of Cancer». New England Journal of Medicine, 2000.